dimarts, 8 d’abril del 2014

MIRANDO A MI ALREDEDOR


        Una pelota cae a mis pies, me pregunto que pintará una pelota a las seis de la mañana circulando por la calle y de quien será el pie que la  ha lanzado hasta aquí.  Unos metros más allá, doy con la respuesta: Hay un niño de entre siete y nueve años, no sabría precisar la edad, pues es uno de esos niños con cara de viejo y cuerpo desnutrido y enjuto. Gracioso, eso sí... Una mirada interesante, nariz algo aguileña que debido a la delgadez de su rostro destaca más de lo habitual para un niño de ese tamaño, un par de dientes más salidos de la cuenta, y las orejas estilo soplillo. En fin, un niño corriente, o quizás, dicho de modo más real: un niño algo feo.

     Él con mimo y delicadeza, quizás para evitar que le pise las manos, recoge la pelota del suelo, y antes de levantarse mira hacia arriba, me pide disculpas, se agacha otra vez, y parado ahí, suelta otra vez la pelota y se abrocha un cordón del zapato....-Son las seis de la mañana, me digo mientras observo su nuca desde arriba. Tiene el pelo panocho, y en la coronilla una ligera cicatriz. Deduzco: -Alguna pedrada de otro niño.

    Luego el niño se levanta da media vuelta y desaparece de mi vista.   -¡Qué raro!...Pienso.

    La plaza aparece desierta, y desde una bocacalle aún se escuchan los golpes de pelota contra el suelo, o contra alguno de los muros que protegen los solares abandonados....Pienso..¡Qué raro!..de nuevo, pero sigo mi camino absorta en un sin fin de pequeñas historias que inundan mi pensamiento y que me impiden estar pendiente de otra cosa. De lejos, todavía oigo un ligero repiqueteo de pelota. ¡Qué raro!..pienso, pero continúo mi camino.


  Dos días después, leí, el periódico. No suelo hacerlo nunca, pero aquel  día, alguien lo puso en mi mesa en señal de atención: ¿Quiere usted leer el periódico?... Tome se lo dejo aquí,  yo ya lo he leído. Por aquello de no ser descortés, me puse a ojearlo, sin demasiadas ganas, por supuesto.
  Hasta que leí: Un niño, que al parecer iba solo, jugando a la pelota es atropellado por un coche. Murió al instante.  Pagué la cuenta, y me fui...¡Que raro! Pensé....Esta noticia, ¿estaría en este periódico de haber cogido a aquel  chiquillo, y haber tratado de averiguar que hacia allí solo?   Nunca lo sabré. No había fotos, pero desde aquel día, todas las mañanas, a eso de las seis, paso por aquella plaza, miro a un lado y a otro, y jamás he vuelto a verlo.




   

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